jam_session

05/06/2008


“A la tarde, cuando el mar fósil yacía inmóvil y tibio, y las viñ̃as se erguían tiesamente en los patios, y en el distante y recogido pueblito marciano nadie salía a la calle, se podía ver al señor K en su cuarto, que leía un libro de metal con jeroglíficos en relieve, sobre los que pasaba suavemente la mano como quien toca el arpa. Y del libro, al contacto de los dedos, surgía un canto, una voz antigua y suave que hablaba del tiempo en que el mar bañaba las costas con vapores rojos y los hombres lanzaban al combate nubes de insectos metálicos y arañas eléctricas”.

Crónicas Marcianas, Ray Bradbury
No podía ser de otra forma. Esta sobrecogedora fotografía de un atardecer en el planeta Marte, tomada y transmitida por el Spirit, me invadió de esa melancolía tierna que impregna el libro de Bradbury.
Qué suerte estar vivo y haber podido ver esto.
Vía | Alt1040

“A la tarde, cuando el mar fósil yacía inmóvil y tibio, y las viñ̃as se erguían tiesamente en los patios, y en el distante y recogido pueblito marciano nadie salía a la calle, se podía ver al señor K en su cuarto, que leía un libro de metal con jeroglíficos en relieve, sobre los que pasaba suavemente la mano como quien toca el arpa. Y del libro, al contacto de los dedos, surgía un canto, una voz antigua y suave que hablaba del tiempo en que el mar bañaba las costas con vapores rojos y los hombres lanzaban al combate nubes de insectos metálicos y arañas eléctricas”.

Crónicas Marcianas, Ray Bradbury

No podía ser de otra forma. Esta sobrecogedora fotografía de un atardecer en el planeta Marte, tomada y transmitida por el Spirit, me invadió de esa melancolía tierna que impregna el libro de Bradbury.

Qué suerte estar vivo y haber podido ver esto.

Vía | Alt1040

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