Caerán diez mil a tu diestra

Sucedió hace más años de los que quisiera.

Sin razón alguna, desperté en medio de la noche angustiado. Por un momento pensé que mis pesadillas infantiles había regresado. Pero no era el caso. Era un apartamento tipo estudio en Los Palos Grandes, una zona residencial de clase media en Caracas. 

Me asomé al balcón, sin saber muy bien por qué y vi un revuelo frente al edificio. En la calle había bomberos, paramédicos, policías y funcionarios de la medicara forense. Entonces, escuché ruidos en el pasillo de entrada. Fui hasta allá y abrí la puerta. El olor casi me tira de espaldas. No existen palabras que puedan describir semejante hedor.

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Spaghetti Western, la historia tras el cuento

Spaghetti Western, de Carlos Caridad Montero

En algún momento de 1998 me propuse ganar la edición de ese año del concurso de cuentos del diario, El Nacional. Fue una idea tan peregrina como, no sé, proponerse a ganar la lotería y estar seguro de lograrlo a punta de fe.

Lo mejor del caso es que no gané. Pero perdí apenas por un pelo. Obtuve la mención de honor. El ganador fue un médico psiquiatra que todos en la fiesta de aniversario del diario, en la que se entregaban los premios, parecían conocer. Excepto yo. Se llamaba (aún se llama), Jorge Rodríguez

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¿Crear un blog más?

Comencé a bloguear en 2002, 2003 o acaso 2004. No recuerdo muy bien la fecha. Sí recuerdo cómo comenzó todo. Estaba leyendo sobre un escándalo de prostitución protagonizado por una pasante de la oficina de un congresista en los Estados Unidos. El escándalo había estallado porque la chica en cuestión contaba sus andanzas en un blog.

Ya va. Un momento, ¿un blog? ¿Qué cosa era un blog? Googleé la palabra y fui a parar a Blogger. Esa misma tarde puse manos a la obra para crear un blog. Puse en línea dos bitácoras (como les decíamos entonces). Una, personal, llamada Cuarderno de Notas, donde escribí durante un año o poco más, hasta que me di cuenta de que mi vida no era muy entretenida, que digamos. La segunda estaba dedicada a mi pasión: el cine. Se llama Blogacine. Y aún hoy sigue en línea. Con altibajos, pero allí está.

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