‘Cualquiera de Nosotras’, el cuento de ‘3 Bellezas’

La semana pasada publiqué un viejo cuento titulado ‘Cualquiera de Nosotras‘, basado en la idea de 3 Bellezas. Ayer fue elegida una nueva Miss Venezuela, una muchacha oriunda de la humilde barriada caraqueña de Petare. Al ver las incontables expresiones de racismo y clasismo que este resultado ha provocado en las redes, me doy cuenta de que mis ideas sobre la obsesión por la belleza física y los concursos que motivaron mi película y el cuento (que mañana y pasado estará gratis en Amazon) siguen tan vigentes como entonces.

A comienzos de la década pasada, mi amigo Gustavo Balza, director del clásico Caracas, amor a muerte, me propuso escribir algo sobre los concursos de belleza en Venezuela.

Era una buena idea. El Miss Venezuela era considerado todavía una de las grandes instituciones de la venezolanidad, al menos por la prensa de entonces. Y supuestamente nuestro país era conocido en todo el mundo por su petróleo, sus jugadores de béisbol, por Hugo Chávez y sus reinas de belleza —mentira, nadie nos conocía en el mundo, mucho menos por estas cosas, alvo por Chávez y los peloteros.

No tuve que profundizar mucho en el tema para darme cuenta de que efectivamente era una buena idea, pero por razones muy distintas. Visto con algo de objetividad, enseguida saltaba a la vista que el tema de la apariencia física en nuestro país era (y sigue siendo) uno de los grandes nervios expuestos de la sociedad venezolana.

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Isabella Rodríguez, Miss Venezuela 2018: víctima de bullying, el lado feo de la belleza venezolana

La belleza en nuestra sociedad era (y sigue siendo) un símbolo de status y una forma de discriminación, abiertamente aceptada. Discriminar por la apariencia física no es tan reprobable como discriminar por clase o por el todo de piel. De hecho, me salataba a la vista que la discriminación por la apariencia en la sociedad venezolana era una forma velada de racismo y clasismo.

Aunque a veces, no era tan velada. En una ingenua entrevista para la televisión canadiense, el entonces presidente de la Organización Miss Venezuela expresó que la “negritud” venezolana le parecía fea, y si una mujer es fea, no puede estar en un certamen de belleza. De modo pues que para Osmel Sousa, la belleza era blanca, rubia, de ojos claros, aunque la narrativa oficial se empeñara en hacernos creer que la supuesta hermosura de las venezolanas era producto del mestizaje.

Otra vil mentira. Más de una vez escuché decir que la mujeres venezolanas eran bellas gracias a la inmigración europea de los años 50s, propiciada por la penúltima dictadura militar.

Así que existía una gran mayoría excluida de esa imagen de belleza oficial. Cuando Gustavo me propuso escribir el guión, esa mayoría había votado en unas elecciones donde las principales opciones habían sido una reina de belleza y un militar, durante buena parte de la campaña. Era lógico que los excluidos votaran al candidato cuyo físico mejor los representaba: el militar moreno, “zambo” como solía denominarse a sí mismo, de humildes orígenes. Hugo Chávez.

Esa suerte de revancha, que no terminó nada bien.

El militar y la reina

La primera imagen

Visto todo lo anterior, mi propuesta fue escribir una crítica ácida de ese mundo, pero inscrita dentro del género del humor negro que, pensaba yo, era lo que se me daba mejor.

Mi punto de partida fue una imagen que se me había quedado grabada al menos seis años, cuando otro gran amigo cineasta, Constantino Ferrer, me invitó a un concurso de belleza gay.

El evento tuvo lugar en un bar subterráneo cuyo logotipo mostraba un brazo erecto con el puño cerrado, en una no tan discreta alusión a la práctica del fisting. Se llamaba The Punch. Fueron varias cosas las que contribuyeron a crear en mi memoria una mala imagen del sitio. Primero, desde luego, el nombre y su logotipo. Luego, que fuera subterráneo, aunque ya no estoy tan seguro de que lo fuera. Y tercero, que por ser uno de los pocos heterosexuales de la clientela, me hacían ir escoltado al baño, una medida que no entendía y que se me antojaba exagerada e innecesaria.

Cualquiera de Nosotras, el cuento
El cuento

En ese sitio, que mi memoria recuerda lóbrego y sórdido por las razones antes expuestas, había una señora muy elegante haciéndole barra a su hija. Su aspecto desentonaba por completo en aquel sitio.

Era a todas luces una adelantada a su tiempo. En los 90 todavía una mujer trans era sinónimo de prostitución y decadencia, cuando no de locura y motivo de risa. El gay, “la loca”, seguía siendo fuente de inspiración para despectivos sketches en los programas de comedia de la televisión venezolana.

Y allí estaba esa madre, aupando a su hija, en un sitio que mi memoria quiere de mala muerte. Decidí que ella sería la protagonista de la historia. Pero como se trataba de una crítica a los concursos y no un cuento de redención LGBTI —aunque yo creo que los concursos de belleza no tienen nada que ver con las luchas de género—, más que una heroína, esa señora sería la villana de la historia. Una ex reina fracasada, obsesa por los concursos de belleza.

Había nacido Perla, la protagonista de mi historia.

Con todo ese material no me tomó mucho tiempo escribir el argumento. Cuando Gustavo emigró a Europa y el proyecto se canceló, escribí un cuento.

Y ese es el que a partir de mañana y por dos días, podrán leer de forma gratuita.

3 Bellezas, la película

Decidí desempolvar el proyecto dos o tres años después, cuando en una cátedra de documentales que dictaba en la Universidad Católica, 5 de los 7 grupos en los que había dividido la clase, escogieron temas relacionados con la apariencia física para sus trabajos finales.

El tema pues seguía siendo vigente, seguía siendo un nervio expuesto de la sociedad venezolana. Escribí, rodé y estrené 3 Bellezas. 120 mil espectadores la vieron en los cines venezolanos. Ha recibido una veintena de premios y es materia de estudio en algunas cátedras alrededor del mundo.

Poco después, un escándalo sacudió al concurso más importante del país y Sousa cayó en desgracia. Este mismo año, una mujer trans participa en el Miss Universo. La elección de Isabella Rodríguez es el mejor ejemplo de que han sido derrotados sus patrones estéticos.

Pero desde ayer, esta hermosa joven electa como la mujer más bella del país , ha tenido que soportar el racismo y el clasismo de un bullying masivo en las redes por sus modestos orígenes y su tono de piel.

Tal parece que el resentimiento que llevó a Chávez al poder ha cambiado de bando. A pesar de nuestra tragedia actual, si juzgamos por las reacciones en las redes, hemos descrito un giro de 360 grados y estamos en el mismo sitio donde estuvimos hace 20 años. Puede que no hayamos aprendido nada.

Quizás seguimos siendo unos frivolos de mierda.

(P.D.: no se olviden de descargar este cuento el domingo 16 de diciembre de 2018, si están abonados a Kindle Unlimited, pueden leerlo gratis ahora mismo).


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